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Roleplay / Re:Howard Enquitius - Historia
« on: Abril 02, 2026, 06:16:00 am »
Día 01/04/2026 (primera semana en la ciudad)
Parece que fue hace una semana que vine a Los Santos... Bueno, realmente fue hace una semana, pero con mi intensidad parece un siglo. Tengo que confesar que ha sido una semana de una dureza muscular tremenda, pero he hecho tantos amigos que me abrumo. ¿Sabéis en el colegio cuando los niños molestaban a la que les gustaba? Pues conmigo la ciudad está desatada. Soy un auténtico rompecalzones. La gente no para de enviarme al hospital de tanto quererme; se ve que mi físico les provoca una ansiedad amorosa que solo saben expresar con bates de béisbol. Y lo mejor es que, en cuanto me dan el alta, en la misma puerta me espera otro aluvión de amor... ¡es un no parar de recibir caricias de hierro en forma de balas!
Además, he tenido el encuentro del siglo. He conocido al Arcángel Gabriel. Muy guapo el muchacho, las cosas como son. Se ve que le han desterrado del cielo (seguro que por exceso de belleza, que ya sabemos que entre los ángeles hay mucha envidia con el tema de la manicura). Ahora entiendo por qué esta ciudad se llama "Los Santos": tener a un ex-arcángel reconvertido en granjero escoltando vacas conmigo y tanto amor y roce intenso en casi cada esquina.
Sin embargo, he detectado una pobreza extrema que me rompe el alma. No paro de encontrarme a ciudadanos necesitados que me apuntan con pistolas de esas de plástico brillante y me piden monedas. Los Santos tiene un gran problema con las ayudas económicas; la gente está tan desesperada que te piden el coche para ir a buscar su dignidad, porque comida les sobra, se les ve muy rellenos. ¡Ah! Y hay una plaga de sordomudez. Les hablas y solo saltan o te miran con los ojos en blanco (y no es por comer doritos). ¿Acaso dan una paguita por tener esa tara? Porque si es así, igual me interesa hacerme el mudo una tarde para pagarme un capricho.
Dejando al margen lo mucho que me aman y la forma tan carasteristica que tienen de demostrarlo, debo decir que ya tengo una posada digna de mi caché. Duermo pegado a la comisaría de policía, para estar siempre protegido al lado de la ley, como debe ser entre colegas de alto rango. Es un lugar adaptado: refugio de cemento armado, un sofá con ventilación natural (por los rotos) y una hoguera de diseño minimalista. Estamos de un resguardado debajo del puentecito que da gusto. Me cuesta 20$ la noche, pero es un hotel de mil estrellas (las que veo cuando me pegan). Por la mañana, me dejan el tremendo buffet desayuno dentro de un contenedor de hierro; solo hay que levantar la tapa y elegir entre el cruasán sudado o el resto de pizza con moho noble. Alta cocina, señores.
Si me veis pasar con mi furgoneta rosa chicle y verde moco, no os quedéis mirando mucho que el brillo os puede quemar las pupilas. ¿Alguien conoce un buen oculista parta mi ojo derecho? Cualquier cosa me escribís a 587 3156.
Parece que fue hace una semana que vine a Los Santos... Bueno, realmente fue hace una semana, pero con mi intensidad parece un siglo. Tengo que confesar que ha sido una semana de una dureza muscular tremenda, pero he hecho tantos amigos que me abrumo. ¿Sabéis en el colegio cuando los niños molestaban a la que les gustaba? Pues conmigo la ciudad está desatada. Soy un auténtico rompecalzones. La gente no para de enviarme al hospital de tanto quererme; se ve que mi físico les provoca una ansiedad amorosa que solo saben expresar con bates de béisbol. Y lo mejor es que, en cuanto me dan el alta, en la misma puerta me espera otro aluvión de amor... ¡es un no parar de recibir caricias de hierro en forma de balas!
Además, he tenido el encuentro del siglo. He conocido al Arcángel Gabriel. Muy guapo el muchacho, las cosas como son. Se ve que le han desterrado del cielo (seguro que por exceso de belleza, que ya sabemos que entre los ángeles hay mucha envidia con el tema de la manicura). Ahora entiendo por qué esta ciudad se llama "Los Santos": tener a un ex-arcángel reconvertido en granjero escoltando vacas conmigo y tanto amor y roce intenso en casi cada esquina.
Sin embargo, he detectado una pobreza extrema que me rompe el alma. No paro de encontrarme a ciudadanos necesitados que me apuntan con pistolas de esas de plástico brillante y me piden monedas. Los Santos tiene un gran problema con las ayudas económicas; la gente está tan desesperada que te piden el coche para ir a buscar su dignidad, porque comida les sobra, se les ve muy rellenos. ¡Ah! Y hay una plaga de sordomudez. Les hablas y solo saltan o te miran con los ojos en blanco (y no es por comer doritos). ¿Acaso dan una paguita por tener esa tara? Porque si es así, igual me interesa hacerme el mudo una tarde para pagarme un capricho.
Dejando al margen lo mucho que me aman y la forma tan carasteristica que tienen de demostrarlo, debo decir que ya tengo una posada digna de mi caché. Duermo pegado a la comisaría de policía, para estar siempre protegido al lado de la ley, como debe ser entre colegas de alto rango. Es un lugar adaptado: refugio de cemento armado, un sofá con ventilación natural (por los rotos) y una hoguera de diseño minimalista. Estamos de un resguardado debajo del puentecito que da gusto. Me cuesta 20$ la noche, pero es un hotel de mil estrellas (las que veo cuando me pegan). Por la mañana, me dejan el tremendo buffet desayuno dentro de un contenedor de hierro; solo hay que levantar la tapa y elegir entre el cruasán sudado o el resto de pizza con moho noble. Alta cocina, señores.
Si me veis pasar con mi furgoneta rosa chicle y verde moco, no os quedéis mirando mucho que el brillo os puede quemar las pupilas. ¿Alguien conoce un buen oculista parta mi ojo derecho? Cualquier cosa me escribís a 587 3156.

