mafioso creció en un barrio humilde, donde aprender a observar era más importante que hablar. Desde joven entendió que la información valía más que la fuerza, y que la lealtad era la única moneda que no se devaluaba.
Empezó haciendo trabajos pequeños: llevar mensajes, organizar reuniones y manejar cuentas. Nunca buscó llamar la atención, pero su capacidad para mantener todo en orden lo hizo indispensable. Mientras otros resolvían las cosas con impulsos, mafioso lo hacía con paciencia y cabeza fría.
Con los años, fue ganándose un lugar dentro de la organización. No por miedo, sino por respeto. Sabía escuchar, negociar y mantener la calma cuando la situación se volvía tensa. Su apodo, El Contador, nació porque siempre sabía quién debía qué… y cuándo era el momento de cobrar favores.
Hoy, mafioso se mueve entre reuniones discretas y decisiones importantes. No es el jefe, pero muchos saben que sin su aprobación, nada importante sucede. En el roleplay, su objetivo no es dominar por la fuerza, sino construir poder a largo plazo, cuidando alianzas y evitando errores que puedan hundir a todos.
